The Invisible in Cinema

(Desplácese hacia abajo para el español.)

Cinema is about both what we see and what we do not see. It is a montage of the world that allows us to accept the inability to see everything at once.  What is visible is a fragment. The non-visible penetrates and completes the field.  Consequently, what escapes the concrete representation becomes an integral part of the audiovisual sight.

Rosemary’s Baby ( Polanski, 1968)

On the one hand, there has always been a tendency to hide cinematographic devices.  As if it were a magic trick, the individuals who operated the phantasmagorias made an effort to keep their machines hidden.  Phantasmagoria used to be a spectacle that was enormously popular in the turn of the eighteenth to the nineteenth century.  It was a variant of the old projections with magic lanterns, but had its own characteristics. In the phantasmagoria the images were shown to the public, projected from behind the screen with a very mobile magic lantern, in order to create a sensory experience.

This conception of hidden devices was brought into classical cinema, which hid the machinery, the projectionist, and its own authors.  Situations began to be questioned, thematized and redesigned through modern cinema and expanded cinema. On the other hand there are limits to the perception of the frame. In addition to the reality that is represented, the spectator’s gaze is also framed. Thus, the viewer experiences a feeling of aggression over the desire to see everything. It is embraced by the lack of absolute power of the eye. In a time of hypervisibility, this lack is compensated by the ability to relate the visible with the invisible. In the theater of imagination, the power of the diegesis is concentrated.

This obstacle caused by the limitation of sight is transformed.  The transformation occurs through the design of spatiality and time in the story.  Cinema hides more than it shows. It maintains a certain shadow, which is essential to the image.

In the past, panoramas, cineramas and now virtual reality, have aimed to cover the entire visual field of the viewer, to surround the audience, to eliminate the feeling of frames and to erase boundaries between real and imaginary.  This constitutes a paradoxical point of global vision which has the ability to inhibit the narrative dimension of a story.

Faced with this objective of transparency, cinema is rearticulated in different narrative modalities.  Therefore, outside of the field and montage are used as design strategies to link the image with the non-showable.  This relationship is embodied in the long tradition of screens.

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Daniel Gilman Calderón
is a Image and Sound Designer, teacher and researcher at the University of Buenos Aires; School of Architecture, Design and Urbanism. He is currently studying the Master’s in Communication Design, in the same house of studies. He directs the research project “Thematic nuclei of the transmedia narrative” and produces the digital documentary “A History of Prohibition”, INCAA.


Lo invisible en el cine.

El cine se trata tanto de lo que vemos cómo de lo que no vemos. Se trata de un montaje del mundo que nos lleva a la aceptación de no verlo todo a la vez. Lo visible es un fragmento. Lo no visible penetra y completa el campo. Así, lo que escapa a lo concreto de la representación, pasa a formar parte integral de la mirada audiovisual.

Rosemary’s Baby ( Polanski, 1968)

Por un lado, siempre hubo una tendencia hacia ocultar el dispositivo cinematográfico. Como si se tratara de un truco de magia, las personas que operaban las fantasmagorías hacían lo posible por mantener ocultas sus maquinarias. Recordemos que la fantasmagoría era un espectáculo, que gozó de gran popularidad en el cambio del siglo XVIII al XIX. Era una variante de las antiguas proyecciones con linternas mágicas, pero con sus características propias. En las fantasmagorías se mostraba al público imágenes proyectadas desde atrás de la pantalla con una linterna mágica muy movible, con el fin de crear una experiencia sensorial.

Esta concepción del dispositivo oculta se trasladó al cine clásico, que escondía tanto a la maquinaria que lo rodeaba, a su proyectorista, como a su propios autores. Situaciones que comenzaron a  ser puestas en cuestión, tematizadas y rediseñadas, con el cine moderno y el cine expandido. Por otro lado, están los límites de la mirada a través del encuadre.  Tanto como la realidad representada, es la mirada del espectador lo que es encuadrado. Así el espectador experimenta una suerte de primera violencia sobre el deseo de verlo todo. Lo abraza una sensación de falta de potencia absoluta del ojo. En una época de hipervisibilidad, esta falta es compensada por la capacidad de articular  lo visible con lo invisible. En el teatro de la imaginación se concentra la potencia de la diégesis.

Esta contención de la mirada, este obstáculo, se transforma en potencia a través del diseño de  la espacialidad y el tiempo en el relato. Esconde el cine, más de lo que muestra. Mantienen cierta condición de sombra, esencial a la imagen.

En el pasado, panoramas, cineramas y actualmente la realidad virtual, pretenden cubrir todo el campo visual del espectador, envolver a la audiencia, desaparecer la sensación de marcos y borrar límites entre real e imaginario. Un punto paradójico de visión global que puede inhibir la dimensión del relato.

Frente a esta ambición de transparencia el cine se rearticula en diversas modalidades narrativas para seguir valiéndose del fuera del campo y del montaje como estrategias de diseño de vínculo entre la imagen y lo no mostrable. Relación encarnada en la larga tradición de pantallas.

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Daniel Gilman Calderón
is a Image and Sound Designer, teacher and researcher at the University of Buenos Aires; School of Architecture, Design and Urbanism. He is currently studying the Master’s in Communication Design, in the same house of studies. He directs the research project “Thematic nuclei of the transmedia narrative” and produces the digital documentary “A History of Prohibition”, INCAA.